Sobre lectura


Se publica desde hoy un artículo mío en el semanario arequipeño El Búho, sobre una tarea pendiente: la lectura. Se puede leer en la edición virtual de la revista.

Las ferias de libro, aún no son la solución a la falta de lectura

Aprender a leer: una tarea pendiente
Por: Alfredo Herrera Flores

El tema tiene que ver con todo: con el modelo del sistema educativo, la situación de los maestros, la capacidad de elaborar políticas culturales locales, el sistema universitario, la industria editorial, los padres de familia, la situación económica, los políticos, los medios de comunicación, los impuestos a las ventas, el comercio ambulatorio, el deporte, las iglesias y sus religiones, las leyes y todo lo que uno pueda imaginar que hay alrededor de un ser humano. El creer que la lectura es un asunto entre el profesor de literatura y su alumno, es una muestra de la pobreza de espíritu con que abordamos los temas que realmente nos interesan.
A pesar de que la escuela nos ha enseñado a descifrar un texto, no hemos aprendido a leer. Igual habrá quienes digan, con su lógica elemental, que sí sabemos leer, que ya el Perú prácticamente ha superado el analfabetismo, que ahora todos van a la escuela y hay tantas universidades como restaurantes, pero se entenderá que estamos hablando de la verdadera lectura, la que nos hace entender las cosas que suceden a nuestro alrededor, la que educa y sensibiliza, la que nos hace personas más completas.

A pesar también de que nuestra ciudad va teniendo un rostro cultural, universitario o de servicios académicos, gracias a congresos, festivales y ferias culturales, lo cierto es que la tarea aún es incompleta. A lo largo del año se han realizado hasta cuatro festivales de libro y se ha anunciado una nueva edición del Hay Festival, uno de los encuentros más importantes sobre literatura, periodismo y cultura en general, un evento que internacionalmente enaltece a la ciudad.
Sin embargo, repetimos una vez más, no es suficiente el esfuerzo, y hay que llamar la atención sobre esto porque no se ve que se hagan cosas que vayan a remediar el problema en el futuro. El festival del libro que estas semanas se ha levantado en el parque Libertad de Expresión, de Umacollo, que dicho sea de paso acoge a los mismos expositores de la pequeña feria que hubo en la calle San Agustín (ni uno más y ni uno menos), es un ejemplo. La sola exhibición y venta de libros mediante pequeños toldos lo único que hace es acercar la tienda a los probables lectores, a los que nunca van a una librería. Pero no vemos, por ejemplo, que maestros lleven en grupos a sus alumnos escolares, que estudiantes universitarios se aglomeren a buscar títulos de especialidad, que padres de familia paseen con sus hijos por los estantes.
Y es que nada de eso se ha estimulado, ni arte paralelo, ni ofertas ni otras atracciones. Pasean por allí los mismos compradores que se reconocen con los libreros y los editores locales. Pero esta no es una crítica destructiva, por el contrario, hay que sumar para que la lectura sea un bien común, una costumbre tan sana como salir a comer en familia los domingos o ir con los amigos a la pichanga. Algo más hay que hacer, y pronto, antes de que las ferias de libros sean vistas como ferias sabatinas y terminen siendo desalojadas por los efectivos de serenazgo.
El libro debe ser un producto de primera necesidad, y la ciudad debe hacer una fiesta para convocar a todos a que se diviertan. ¿Se acuerdan cómo salió la gente a comer rocoto relleno y tomar chicha de jora cuando las picanterías se apostaron en la plaza de armas? Claro, es que también había música, había regalos, había publicidad, auspiciadores y seguridad. La gente se gastó sin problemas, en familia, entre cien y ciento cincuenta soles en ese almuerzo al paso. Con esos cien soles en la feria del libro se pueden comprar, buscando bien, hasta cinco libros, con lo que se habrá aportando a la cultura familiar y alimentado el espíritu mucho más que con el chicharrón de un día.
Es cierto que en el Perú estamos superando el analfabetismo, pero nos falta mucho más para superar la ignorancia. Los promotores y los coordinadores de estas ferias, que entienden del asunto, están haciendo lo suyo con las limitaciones económicas y de apoyo institucional que ya conocemos e imaginamos, pero esto deben leer (ingenuo yo) las autoridades, los alcaldes, para que se supere la pobreza con que nos acercamos a la lectura, y hagamos de todos una sociedad culta. El no hacerlo, desnuda nuestra ignorancia.

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