Luego de los conflictos sociales, aún latentes, en Cajamarca y en otros departamentos de nuestra patria, producto de los reclamos de la población sobre futuras explotaciones mineras, y lógicamente frente a los temores de impactos negativos medio ambientales; el actual gobierno, en una especie de mejora de la imagen centralista , lanzó a sus ministros hacia el conocimiento y visita de las provincias del interior, supuestamente las más olvidadas tradicionalmente por todos los niveles de gobierno.

En esta perspectiva, de apuntalar un gobierno con inclusión social, hasta a la “Primera Dama” se le ha asignado el encargo de salir a la palestra mediática a promocionar este cometido. Recientemente, el último fin de semana, en el patio de palacio de gobierno, recibió la invitación de las autoridades municipales, “bastante” preocupados por levantar el carnaval, extendieron la invitación a doña Nadine Heredia de Humala para visitar nuestro terruño en tan singulares festividades, con la vieja canturrea de: “Cajamarca la capital del Carnaval Peruano”.

En esta oportunidad la “Primera Dama”, en el marco de réplica del fenómeno de Kirchnerismo, en fiel cumplimiento del libreto político actual para Cajamarca, ha enfatizando recientemente en declaraciones a la prensa: “Queremos hacer una región con menos desigualdad y con mayor inclusión”, refiriéndose a Cajamarca, un departamento, rico en recursos mineros, pero con altos índices de pobreza y extrema pobreza, especialmente de su mayoritaria población rural.

Por otro lado se ha previsto, y en algunos casos, ya se ha producido la visita de ministros de Estado, por primera vez en la historia, en algunas de nuestras provincias, como San Pablo, San Miguel y San Marcos, en las que los altos funcionarios del ejecutivo, han realizado sendas reuniones con las autoridades municipales provinciales y distritales, comprometiéndose millonarias inversiones en proyectos de saneamiento básico, infraestructura vial y de apoyo a la producción. Nunca antes Cajamarca, ha sido objeto de tan singular cobertura mediática nacional, como se diría en lo que fue el gobierno de Toledo, ante un posible: “chorreo en exuberancias”.

Hasta allí, las cosas, indudablemente, parecerían como que el paraíso terrenal se va plasmando, de una ilusoria aspiración, en algo concreto y que podría palparse, de inmediato, para las poblaciones más necesitadas del nuestro departamento. No obstante, conocemos que en la práctica, en la mayoría de los casos, las inversiones públicas se dilatan, con evidente exceso de los plazos fijados, y en muchas de las veces quedan truncas o no se concretizan, por las engorrosas disposiciones técnicas y legales, o por los procesos de controversias en las que se incurren con las contratistas; y con mayor razón, cuando no se cuentan con los famosos estudios de preinversión disponibles. Un botón basta de muestra: la reconstrucción de las zonas afectadas por el terremoto del 2007 en Ica, que pese al paso de los años no se culminan.Lo real del caso, es que, desde mi modesto punto de vista, es que el gobierno central –no nacional, porque éste solo existe en el papel- busca desesperadamente un consenso social en una zona, como Cajamarca, en la que el problema de las explotaciones mineras y los impactos medioambientales que involucran a significativas poblaciones, tanto rurales como urbanas, constituyen, a su modo de ver, contenciones al crecimiento minero, y por ende, posibles disminuciones de los ingresos fiscales, fáciles de recaudación vía el impuesto a la renta y otros que engrosan la caja fiscal y que facilitaría el desarrollo de los programas sociales del gobierno de turno.

La situación descrita, proyecta otras implicancias que se relacionan con el proceso de descentralización en nuestra patria, en la perspectiva de una reorientación radical del mismo que se baraja tanto en las esferas del Congreso, como del propio Poder Ejecutivo.

La presencia de una Comisión Multisectorial de Desarrollo para Cajamarca, no es otra cosa que la intromisión en los ámbitos regionales y locales por parte del nivel central, especialmente en lo relacionado a la ejecución de proyectos de inversión, contrariamente al espíritu descentralista que establece la Constitución Política del 93, y los espacios ganados por los Gobiernos Regionales y Municipales en los últimos años. Se especula asimismo, como algunas medidas en este sentido, sustentadas en posiciones hasta de cambiar la figura de los presidentes regionales por la de gobernadores regionales, a fin de frenar en algo los ejercicios de autonomía que, de una u otra manera, reconoce la ley. Se escandalizan, cuando los Gobiernos Regionales y Locales, aprueban ordenanzas que aparentemente no son de su competencia en sus espacios regionales; pero no dicen nada cuando desde Lima, se acometen los espacios regionales y locales en contraposición directa al principio de subsidiaridad de los niveles de gobierno.

Finalmente, tanto chorreo de promesas de inversión, y de dádivas de último momento, no hacen sino especular, al estilo de Ricardo Palma, sobre el regalo del “cañoncito al presidente Ramón Castilla”. Habrá que esperar, a corto tiempo como: “dispara el cañoncito” y en qué condiciones y formas, que son fáciles de prever de antemano, y las consecuencias para este sufrido pueblo de Cajamarca, cuyas autoridades locales, vienen demostrando actitudes de indigencia, timoratas y genuflexas, ante el poderío del gobierno central.