Santa Rosa de Lima
Santa Rosa de Lima es uno de nuestros más grandes orgullos. Es la primera santa de América, y la única en dar la vuelta al mundo debido a sus numerosos milagros.
Nació en 1586 y la llamaron Isabel Flores de Oliva. Sus padres fueron don Gaspar Flores, natural de San Juan de Puerto Rico y doña María de Oliva, peruana de nacimiento.
En compañía de sus hermanos, la niña Rosa se trasladó al pueblo de Quives, situado en la sierra de Lima y sobre la cuenca del Chillón. Fue porque su padre asumió el empleo de administrador de un obraje donde se refinaba mineral de plata. Y fue en ese pueblo que Isabel pasó a ser Rosa: el obispo Toribio de Mogrovejo, le agregó el nombre “Rosa”, en honor a su belleza cuando nuestra santa recibió el sacramento de la Confirmación. Desde entonces ya casi nadie la llamó Isabel; su madre, sus parientes, su profesor, todos la llamaban Rosa.
Se cree que el ambiente patronal e injusto que Rosa percibía en Quives fue el factor detonante para el camino a su santidad. Probablemente esa vivencia (la visión cotidiana de los sufrimientos que padecían los trabajadores indios) pudo ser la que dio a Rosa la preocupación por remediar las enfermedades y miserias de quienes irían a creer en su virtud. Se volvió santa. Otro factor importante de la época fue que en Lima se vivió un ambiente de efervescencia religiosa, una época en que abundaban las atribuciones de milagros, curaciones y todo tipo de maravillas por parte de una población que ponía gran énfasis en las virtudes y calidad de vida cristiana.
Pero algo de lo que nadie puede dudar es de los milagros que nuestra Rosa ha hecho no sólo en el Perú sino también en varias partes del mundo.
Estando en Quives, provincia de Canta, al noreste de Lima, donde su padre administraba temporalmente una mina de plata del distrito de Arahuay, Isabel Flores de Oliva fue confirmada por el arzobispo Santo Toribio de Mogrovejo, quien le puso el nombre de Rosa.
Rosa recibió el hábito de la Tercera Orden de Santo Domingo el 10 de agosto de 1606 en el convento del mismo nombre adonde acudía diariamente a hacer sus oraciones.
La vida de Rosa se desarrolló dentro del ritmo simple y religioso de la sociedad limeña de ese entonces. La santa pasaba el mayor tiempo posible en la casa con sus hermanos menores, ocupada en los quehaceres domésticos o en la oración. Aunque no era la mayor de los hijos se propuso ayudar generosamente en el sostenimiento de su hogar. Tenía distribuido el día entre la oración, el trabajo y unas pocas horas de descanso.
Entre sus principales virtudes se señalan la obediencia, que practicó desde muy niña hasta los últimos momentos de su vida, cuando amorosamente pidió la bendición y perdón a sus padres y confesores.
La humildad fue otro de los valores que cultivó, pues en una época de exageraciones piadosas, Rosa apareció como un ejemplo de sencillez, no obstante la abundancia de gracias y penitencias que se imponía.
