Poesía amorosa de Homero Aridjis
Homero Aridjis es uno de los poetas más singulares de México. Su poesía va desde la simpleza de imágenes hasta la complejidad de metáforas de diferentes connotaciones, sin embargo, su poesía amorosa y erótica es de las más finas de la lengua castellana. Aridjis nació en Michoacán, en 1940, ha publicado también novelas y ensayos y ha ejercido la docencia y el periodismo. (Foto: Javier Lira/ Notimex)
Déjame entrar a tu íntimo alfabeto
Déjame entrar a tu íntimo alfabeto
para saber lo tuyo por su nombre
y a través de tus letras
hablar de lo que permanece
y también de auroras y de nieblas.
éjame entrar para aprenderte
y girar en tu órbita de voces
hablándote de lo que me acontece
describiéndote a ti.
Quiero dar testimonio a los hombres
de tus enes y tus zetas
desnudarte ante ellos como una niña
para que todos se expresen con acento puro.
He de perseguir tu cuerpo...
He de perseguir tu cuerpo
hasta donde dos cuerpos pelean
tu callejón oscuro
y peligrosamente el día
tiene contacto con una luz que no le corresponde
para sentirse propio y poseído
hasta donde la demolición de los conjuros
no perdona el rumor de las palabras
he de perseguir tu cuerpo
hasta el fin de tus calles
donde los saludos forman esquina con el viento
y la seguridad imposible de manos conocidas
hace vivir deseos constelaciones
en el solo equilibrio de la sombra
Abril es ella quien habla por tus labios...
Abril es ella quien habla por tus labios
como un joven sonido desnudo por el aire
En la noche ha volado con tu vuelo más alto
con risa de muchacha
como el fuego nocturno de los frutos del viento
donde vibran los pájaros
Manzana del amor
su voz bajo la lluvia es un pescado rojo
Embarcada en sus cuencos con los ojos absortos
es la virgen gaviota que ha bebido del mar
en el agua su sol mariposa de luz
Te recuerdo corriendo por la calle
Te recuerdo corriendo por la calle,
envuelta en un impermeable percudido,
yo vestido de verde y de día viernes,
tapándote la cabeza con un periódico
para que no nos viera tu padre.
Era noviembre y lloviznaba,
tu pelo empapado sobre el impermeable
era una mariposa que volaba.
De tu bolso abierto caían monedas
que recogía un mendigo.
Andábamos de luna de miel de calle en calle,
sin ceremonia civil ni religiosa,
casados por el santo sacramento del amor.
Nuestros pasos pesaban en el piso,
y los zapatos ahogados en el agua
hacían ansiosa nuestra fuga.
Mojados nos metimos en el metro,
a empujones abordamos un vagón,
y las puertas sobre tu espalda
plegaron como dos alas tu impermeable.
Mirándonos nos fuimos en el tren,
que nos llevó en su propio mundo,
lejos del día y lejos de la noche.
Yo besé tus labios con sabor a lluvia.
