A lo largo de la historia, la política del “Dejar pasar, dejar hacer” sólo ha tenido muy bueno resultados en el arte.

Los artistas son, por excelencia seres libres, que no se rigen a leyes o normas. Ellos viven de acuerdo a su forma de pensar y de crear, algo que no ocurre con todos los seres humanos. La realidad no se hace sólo de artistas, hay otros ámbitos que no pueden tomarse a la ligera, que no pueden ser anárquicas.

“Dejar pasar, dejar hacer” es un camino muy peligroso, y que no conviene aplicarlo en nuestra vida. Seamos conscientes que cada acto tiene consecuencias, y hay que enfrentarlas.

Veamos el mecanismo de “dejar pasar y dejar hacer” en la economía neoliberal, terminó por destrozar el sistema de equilibrio económico mundial y las consecuencias fueron desastrosas. Ojo, aún no superamos la crisis, y ya muchos defensores del liberalismo se han corrido.

En el aspecto político, social, económico, moral, ético, el camino del “dejar pasar” sólo ha traído problemas y serios enfrentamientos, consecuencias gravísimas, incluso el caos en no pocas oportunidades.

Los problemas de corrupción, los casos de impunidad, han sido dejados de lado, han sido pospuestos, han ido por el camino del “dejar pasar, dejar hacer”. Las consecuencias las vivimos ahora. Las vivimos en carne propia.

En el Perú sobra la desconfianza, abunda la duda, ya nadie cree en nadie, no hay modelos a seguir. Se acercan las elecciones y los candidatos a los gobiernos regionales o ediles siempre tendrán sobre si un aurea negra que los califica, o mejor dicho los descalifica como personas honorables.

Cuando los casos por nepotismo, peculado saltan a la luz, la constante es presentar a las autoridades de turno en el banquillo de los acusados, señalarlos y colocarles un membrete de culpables. A pesar de las pruebas en su contra, los vemos por las calles, caminando tranquilamente, disfrutando de su “dinero”, yendo y viniendo, a pesar de las acusaciones.

De ahí surge la posición de quienes roban y justifican sus actos diciendo ¿Si roba el presidente, el alcalde, el regidor, el congresista, el ministro, por qué yo no?

Una pregunta difícil de responder, pero que no justifica para nada el actuar delincuencial. No podemos justificar actos ilícitos con otros, con los cometidos por otras personas, por más que ocupen o no un cargo público.

No aplicar la política del “dejar pasar” es un paso fundamental en la lucha contra la corrupción, es el primer paso para ser mejores.