Los peruanos tenemos tantas cosas de qué enorgullecernos. Podemos mencionar, por ejemplo, que somos herederos de una de las culturas más admirables de la humanidad por su organización y desarrollo técnico; asimismo, que muchos intelectuales han merecido el reconocimiento por su obra que, si no nos consagra directamente como individuos, al menos nos convertimos en un referente en el mundo como colectividad. Pero de lo que necesariamente muy pocos se sienten orgullosos, es de los políticos.
Y qué podemos decir de estos personajes de la vida nacional, si en el país se privilegia los favores políticos en desmedro de la integridad nacional. Ministros peleles y Presidente triunfalista, cuyo principal objetivo pareciera consistir en hablar del mundo imaginario de danzarines, cisnes y princesas(¡Oh, Ruben!) donde sueñan vivir.
La inoperancia de algunas instituciones del Estado se manifiesta en los actos de violencia contra inocentes(recordemos Bagua), permitiéndole a la delincuencia organizada derribar helicópteros, masacrar civiles y militares, mientras algunos Ministros pretenden justificar frente al pueblo la injustificable desidia política, porque no entienden la diferencia entre parchar una pista y construir una carretera, o entre patear el culo de un humilde ciudadano con meter goles a favor de los niños de Puno.
Resulta sencillo elaborar una lista con los tipos de políticos. Hay, de los que se pintan como rabiosos defensores y defensoras de mujeres ultrajadas; políticos conocedores de mundos fantasmagóricos, de donde sacan a sus empleados, como los magos, a los conejos de un sombrero; políticos apuñalados por manos largas; políticos con “bibliotecas envidiables”, cuyos libros se conservan en costalitos de yute; políticos que no se acuerdan cuándo es que engendraron a sus hijos. Y ya ven, esta casta es una alforja de ciegos.
El Tunante, Abelardo Gamarra, escribía acerca de la política nacional, con un estilo jocoso y burlón, en las primeras décadas de nuestra incipiente República; sin embargo, el que se adentrara hoy en esas páginas escritas hace más de cien años, descubrirá que el espectro político no deja de tener semejanzas con lo que nuestro escritor fustigaba con las letras. Y estamos tan desamparados de orden y buena ley como antaño, como si los ciudadanos honestos de este país estuvieran condenados a “Cien años de soledad”, donde nuestra única y siniestra compañía sean los políticos, esa suerte de actuales patrocinadores de las malas artes, chanchullos, entuertos, trinquetes o como quiera llamársele al escarnio.
Sin embargo, estoy completamente convencido de que los políticos no son el Perú. El Perú lo conforman todos aquellos ciudadanos que trabajan a brazo partido para sustentar a sus familias y conducen su vida bajo los principios de honestidad, justicia y respeto mutuo. Estos hombres y mujeres son los verdaderos padres y madres de la patria, no los que no salen por las calles autoproclamándose los salvadores de la Democracia(¡Cuál Democracia!) porque no tienen sangre en la cara. Mientras el ciudadano de a pie vive amparado solamente en el único patrimonio que les ha dado la vida: su dignidad.
Y basta de políticos. Hay otra pandemia en el país por quién preocuparse.
Por: GERSON RAMÍREZ
