Y si después de tantas palabras, no sobrevive la palabra…
Así escribió César Vallejo. Qué era, ¿su temor a que la palabra, como cosa inútil, no digera nada, al final quedemos solos, tristes, devastados por la circunstancias? Puede ser que sí . Puede ser que no.
A pesar de esta incertidumbre, escribo. Estas son mis palabras
LOS ÁRBOLES
Bajo un árbol de ese bosque
mi padre leía abstraído en un libro de ciencia: “La materia
no se crea ni se destruye, solo se transforma”.
A su alrededor
mi hermana y yo hacíamos barcos con ramas de eucalipto
y una acequia – nuestro mar – se los llevaba.
De eso ha pasado mucho tiempo. Ni él ni nosotros
hemos regresado a ese bosque; sin embargo,
ella y yo ahora sabemos lo que somos:
la demostración fehaciente de aquel principio natural
Nosotros éramos también como los árboles,
pero mi padre no lo dijo.
VISIONES
Eufóricos tus pies
dibujan garabatos en la sala. Fiesta.
El abuelo nos mira impasible desde su retrato.
Bailas porque el año ha muerto
y reconoces tu ceniza
en los muñecos de trapo que arden en las calles.
Baila nomás. Todos correremos esta suerte.
Tus pies sobre la tierra
festejan hoy un nuevo advenimiento. Mañana mirarás
desde el fondo de un retrato.
DIOSES
Sentado,
apoyando las manos sobre las rodillas,
el Iluminado mira hacia la pared
como si en realidad nos desdeñara.
Tal vez ha herido su orgullo
el Nazareno
para quien solemnemente se declaran como suyos
casi todos los milagros.
A pesar de esto
mi padre ha sido buen obrero y buen cristiano.
No ha desdeñado ningún lomo de res
ni el buen vino,
y con afán se ha dedicado a perpetuar la especie humana.
Así es la vida en este pueblo. También nuestros vecinos
se santiguan ante el Nazareno y tiznan la frente de los niños
para que el cuco se vaya.
En nuestra casa
la democracia celestial
ha entrado de la mano de mi madre. Y en esta mujer
creemos todos firmemente.
Autor: GERSON RAMÍREZ
