¿Cómo sujetar el gas?
El negocio del gas podría terminar convirtiéndose en el caso La Brea y Pariñas de esta parte del siglo XXI. Nos referimos a una suerte de parteaguas político definidor del nacionalismo. En este caso el tema no es la propiedad de un yacimiento, sino quién tiene precedencia en la compra de gas, o a quién se le vende y a quién no, y cuándo.
El parecido con el caso que terminó en la nacionalización de la IPC en 1969 está en la vinculación del manejo de un recurso con la soberanía nacional: qué es lo que le conviene más al país, y si el país tiene las armas legales y políticas suficientes para tomar esa decisión más conveniente. En suma, un choque, real o aparente, entre intereses nacionales e intereses extranjeros.
En consecuencia es evidente que el destino del gas va a ser un tema clave en las elecciones del 2011. Frases como “gas para el Perú” o “Ni una gota de gas para Chile” van a ser de rigor en esa campaña. La perspectiva de que se pueda exportar y a la vez atender la demanda local probablemente se pierda por el camino, aun si la posibilidad se da.
Como sucede en este tipo de controversia, las posiciones contrapuestas se presentan engañosamente claras. Una de ellas sostiene que la exportación es indispensable pues sin ella no vendrá más inversión en el recurso (nuevas reservas), y nos quedaríamos sin soga y sin cabra. Se añade que la inversión para exportar permite de paso abastecer a los consumidores locales.
Otra posición afirma que las reservas de gas no bastan para consumir y exportar a la vez, y que mantenernos abastecidos exige ponerle límites a la exportación, incluso a la que se realiza por contrato en este momento. Entendemos que esto supone además guardar gas bajo tierra para alargar su consumo local futuro, como reserva estratégica.
El eje de la disputa es, pues, si va a haber gas suficiente para los dos mercados. A estas alturas va creciendo el número de personas que simplemente ha dejado de creer en las cifras que circulan, y prefiere concentrarse en los méritos de otros tipos de argumentos: legales, penales, políticos, geopolíticos, patrióticos, regionales.
Complica las cosas que una parte importante de las respuestas que las partes buscan se encuentre bajo tierra. De confirmarse la existencia de reservas suficientes el debate podría desaparecer. Pero eso a su vez exige nuevas inversiones, locales o de fuera, y una recuperación de la confianza en las cifras por parte de los políticos.
Las declaraciones del ministro de Energía y Minas en defensa del status quo en el tema sugieren que existe una fuerte presión por un desenlace rápido que tranquilice a los consumidores locales. Pero antes de tomar decisiones en un sentido o en otro, quizás se le debería dar más oportunidad a la parte técnica de la cuestión.
Por: Mirko Lauer
