Milagro
Hace un tiempo, en una iglesia de un barrio de Río de Janeiro, encontré un sobrecito, para entregar limosna, con un mensaje que decía: “Da de lo que tienes, no de lo que te sobra”.
He recordado siempre esa frase porque solemos sentirnos generosos cuando entregamos una chompa o un par de zapatillas, de las que hace tiempo queríamos deshacernos, en las colectas para reunir prendas de abrigo para nuestros hermanos que sufren las consecuencias del “friaje” en las zonas andinas o para los damnificados por un terremoto.
La sencilla pero profunda frase leída en esa iglesia brasileña ha vuelto a mi memoria en los últimos días, cuando los jóvenes hermanos Ricardo y Eduardo Herrera Soto, ganadores de un concurso televisivo de canto y baile, donaron los 110 mil nuevos soles que recibieron como premio para iniciar la reconstrucción de la iglesia del Señor de Luren de Ica, destruida totalmente por el sismo de 2007.
Para quienes creen en milagros, ese donativo debe haber afianzado su fe. Porque es un hecho realmente insólito que durante más de dos meses los hermanos dedicaran su tiempo a competir en un concurso de canto y baile con el único objetivo, declarado desde el inicio de la reñida contienda artística, de ayudar a reconstruir el templo iqueño.
Pues, aunque eso del canto y el baile suenen a diversión y frivolidad, los concursantes deben dedicarse a los ensayos, a tiempo completo, con sacrificio y energía, para sacar a relucir su talento, escondido hasta el momento de iniciarse la competencia, e ir dejando en el camino a los demás contrincantes. El valor de ese gesto es muy grande, puesto que los jóvenes y generosos artistas no pertenecen a una elite pudiente, ni sus vidas están llenas de oropel ni su talento artístico es reconocido a tal punto que les permita volver a ganar en poco tiempo una suma semejante.
El donativo de los jóvenes hermanos ha sido seguido por el anuncio de la diócesis de Ica de comenzar a recolectar el dinero necesario para los trabajos de reconstrucción del templo, porque el donativo entregado, aunque valiosísimo por su procedencia y por la generosidad sin límites que representa, es solo una mínima parte de la suma que demandará concluir esa obra.
Pero como, simbólicamente, la primera piedra del nuevo templo ha sido ya puesta con el donativo entregado, los pasos siguientes, que tendrían que dar quizá algunas empresas, quizá los fieles, ojalá no solo iqueños, sin duda permitirán que el Señor de Luren vuelva a tener una iglesia que lleve su nombre.
Creo que en un mundo de desencanto, de violencia y de aprovechamiento del prójimo, que es el que muchas veces se presenta ante nuestros ojos, el gesto de los hermanos Herrera nos hace ver que los milagros no son solamente aquellos hechos que desafían las leyes naturales llenándonos de asombro.
Los milagros, como en este caso, pueden ser hechos sencillos, como el dar algo que tenemos y sus protagonistas personas también sencillas, anónimas pero con una especial luz en el alma.
Por: Celinda Barreto Flores – Periodista
