Electores peruanos
A su modo, el elector peruano reclama un cambio en el sistema político. Y lo que hace el sistema político es ofrecerle más de lo mismo.
La común camisa de fuerza que viste el elector es la de las urnas, a la que es llevado obligatoriamente cada cuatro o cinco años a depositar su voto, más emocional que racional, entre opciones, además, donde el mal menor juega la carta del milagro. Luego sobreviene lo peor: como el sistema político vive desconectado de la realidad y hace poco o nada por representarla, los electores terminan mirando al balcón de enfrente, a ver si asoma un “outsider”.
Este reclamo por un candidato presidencial nuevo e independiente, como lo refleja la encuesta de Ipsos Apoyo, no es el primero ni el último. Desapareció relativamente un largo tiempo luego de que el régimen del “outsider” del 90, Alberto Fujimori, se derrumbara estrepitosamente sobre sus propios éxitos y fracasos. Ahora resurge en medio del desgaste de quienes no han dejado de ser candidatos o candidatos voceados desde el 2006 hacia acá.
Probablemente, el Perú sea uno de los pocos países en el mundo en que a las horas de una elección presidencial emergen de entre la resaca de la campaña política un líder de la oposición y un enjambre muy activo de candidatos a suceder al ganador.
¿Quién permite, promueve y fortalece todo esto?
Ni más ni menos que el precario sistema político que nuestros representantes en el Congreso se empeñan en no reformar.
Por eso no tenemos el número de representantes en Diputados y Senado que haría del Congreso una institución capaz de saber a quién rendirle cuentas. Por eso tenemos un voto preferencial que distorsiona la esencia democrática al interior de los partidos. Por eso en estos no tenemos elecciones primarias ni menos preselecciones meritocráticas de candidatos. Por eso carecemos de una renovación auténtica del Congreso con mandatos de solo dos años y medio. Por eso tenemos una ley de partidos que aspira a ser más bien el estatuto de un club exclusivo de socios convocados a sí mismos en provecho propio.
Al delegar poder el elector delega un cheque en blanco. Eso es lo que hay que corregir. Nos ha sucedido repetidas veces, desde los alcaldes a los regidores, de congresistas a presidentes regionales. Los pueblos se quejan después de unas semanas de la pésima elección que se hizo, pero ya es demasiado tarde. El Perú no ha cambiado en las últimas décadas, los políticos siguen siendo improvisados mamotretos que ganan siempre por una nariz o que ganan por la coyuntura del odio y la disyuntiva de la razón.
En el Perú no hay castas políticas simplemente existen hombres con intenciones, mujeres con intenciones y electores descarriados y confundido, buscando la tierra prometida, esa que nunca encontramos.
