Welcome to Huacaloma: basurales y romances adolescentes
El paisaje es sub-realista. Una de las mayores muestras de cultura pre-incaica es, literalmente, un basural. Hablamos de Huacaloma, hablamos de un centro ceremonial de gran importancia que ha quedado reducido a un simple montículo de tierra, donde crecen pencas sobre las cuales la gente de los alrededores seca ropa.
Una huaca sagrada dentro del perímetro de la ciudad; un resto arquitectónico, cuyas piedras sirven para que los jóvenes y adolescentes, utilizando correctores y pintura, dejen un signo de su amor.
Salvar Huacaloma es una obligación de todos, es una tarea conjunta y a brazo partido. Huacalona no puede quedar en el olvido y seguir convertida en un rincón más de una inmensa urbe.
Las huacas (en quechua wak’a: lugares sagrados), en su edificación se erigían plataformas para realizar rituales y ofrendas a los dioses, a quienes les ofrendaban los productos que se cosechaban en determinadas épocas del año.
Las huacas requerían de una clase de atenciones rituales que determinaban el cumplimiento de tabúes, ofrendas, sacrificios y ritos.
Al servir como el lugar idóneo para depositar las ofrendas, éstas se convirtieron en la principal manifestación del carácter religioso, incluso en la actualidad, hay huacas víctimas de saqueo.
La estrecha relación entre el antiguo hombre peruano y las huacas puede atestiguarse por la gran cantidad de éstas dispersas a lo largo del territorio peruano, las mismas que en algunos casos, son objeto de veneración.
¿SAGRADO O EMBLEMA?
Aunque por definición una huaca servía para determinar un lugar sagrado, en tiempos precolombinos no existían diferencias entre las autoridades administrativas y religiosas, por lo que el término hacía alusión a todo el patrimonio monumental y arquitectónico de esas épocas, tales como templos, centros administrativos, fortalezas, cementerios, entre otros.
Por otro lado, según el fraile mercedario Martín de Murúa (siglo XVI) el término ‘guaca’ es multivalente, puesto que así como puede significar ‘lugar sagrado’, también puede ser un ‘emblema’ o ‘ídolo’ de una comunidad o dinastía.
Una huaca era una fuerza sobrenatural; estaban ordenadas en el espacio y jerarquizadas, de acuerdo con sus funciones y con el prestigio de aquellos a quienes representaban y de quienes recibían el culto. Además, desde la parte más alta de una huaca se divisaba la marcha de los cuerpos celestes y se anunciaban las estaciones.
Lo consigna la historia
Kazuo Terada organizó el “Equipo de investigación de los Andes” para continuar con los estudios del período formativo. La expedición que encabezó estuvo compuesta por los arqueólogos japoneses Tatsuhiko Fujii, Tsuyoshi Ushino, Hiroyasu Tomoeda, Yasutake Kato y Yoshio Onuki, así como los arqueólogos peruanos Isabel Flores y Justo Cáceres.
Terada y Onuki con el arqueólogo peruano Rogger Ravines, visitaron el valle de Cajamarca, interesándose por el sitio arqueológico de Huacaloma, ubicado a 2 kilómetros al sureste de la ciudad de Cajamarca.
Durante la excavación de reconocimiento encontraron algunos fragmentos de cerámica con pintura decoración post-cocción. En 1979 se inició un trabajo de excavación intensivo en que participaron además de los arqueólogos Terada, Onuki, Kato y Ushino, Ryozo Matsumoto y Yuuji Seki.
El sitio arqueológico de Huacaloma resultó ser grande y complejo. En las primeras excavaciones, se abrió una trinchera de 50 metros de largo por 2 metros de ancho.
Por los fragmentos de cerámica hallados en los estratos más bajos se determinó que Huacaloma fue uno de los primeros asentamientos alfareros del valle de Cajamarca, entre mil 500 a mil años antes de Cristo, la fase más antigua del complejo o Huacaloma Temprano.
Según excavaciones realizadas en 1982 y 1985, el foco de este asentamiento estuvo en la margen próxima al Río Marañón, estableciéndose un segundo foco en la parte más baja del valle, al S.E. de la ciudad de Cajamarca.
Durante la segunda fase o Huacaloma Tardía, se cubrió la arquitectura de la fase anterior con capas de arena amarilla de hasta cinco metros, para erigir sobre ella un nuevo complejo de uso ceremonial basado en plataformas y terrazas que se comunicaban mediante escalinatas.
Se hallaron también restos de pintura mural con diseños y dibujos geométricos y un rostro de felino, en los cuales se emplearon los colores negro, blanco, rojo, verde, amarillo, marrón y rosado; siendo estas pinturas las únicas encontradas en el Formativo. La cerámica hallada de esta fase fue una variedad de vasijas con engobe rojo, con cuellos alargados y delgados; muy similares a los encontrados al norte de Cajamarca, en el sitio de Pacopampa.
Paralelamente, para establecer una cronología del valle de Cajamarca, el equipo realizó trabajos en las zonas de Layzón, Kolguitín, Huacariz y Amoshulca.
Se descubrió un templo en cerro Layzón, ubicado a 3100 m.s.n.m, que fuera erigido como nuevo centro ceremonial en reemplazo del abandonado en Huacaloma.
Gracias a este hallazgo y de los demás trabajos efectuados en esa zona se pudo completar la cronología para el sitio estableciéndose cuatro fases: Huacaloma Temprano, Huacaloma Tardío, Layzón Temprano y Layzón. Posteriormente, también sirvieron para definir cinco fases para el formativo en Cajamarca: Cajamarca Inicios, Cajamarca Temprano, Cajamarca Intermedio, Cajamarca Tardío y Cajamarca.
