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Nueva lectura de "Hueso duro", de Cronwell Jara


Esta semana se publica en mi columna de semanario La Voz, un texto sobre una nueva lectura del cuento “Hueso duro”, del escritor piurano Cronwell Jara. Emociones aparte, es cierto que ese relato influyó mucho en mi vocación por la literatura. Abrazos para el compadre Cronwell.

Cronwell Jara


Una relectura emotiva de un cuento de Cronwell Jara
Por: Alfredo Herrera Flores
Repaso algunos libros de mi biblioteca personal y reparo, una vez más, en un volumen de cuentos de Cronwell Jara, escritor piurano muy querido entre lectores jóvenes y respetado entre escritores de diferentes generaciones, conocido en casi todo el país por sus talleres de narrativa y reconocido por la crítica por sus premios, entre ellos el Premio Copé de Cuento.
El libro “Las huellas del puma” reúne lo mejor de su narrativa breve, género en el que es considerado maestro, y entre los cuentos que allí reaparecen está “Hueso duro”, que leí en mi época de juventud en una antología sobre cuento peruano preparada por Luis Fernando Vidal y Antonio Cornejo Polar, allá por 1984, y que motivó mucho mi vocación por la literatura.
Nos sentamos con Yenine, y como en los viejos tiempos, nos pusimos a leer. Confieso ahora que he postergado por mucho tiempo un comentario crítico sobre este hermoso relato y ahora mi opinión está contaminada por la excesiva emoción. “Hueso duro” es un relato ambientado en el norte peruano, en el caserío de Tuñalí, en Piura y que será escenario de otras historias de Jara, y narra una singular historia de amor, que no se puede leer si no se tiene un pañuelo a la mano.
Pancho Carnero aparece de pronto en la casa de Celedonio Rojas y lo apuñala delante de su hijo, en venganza de haberse casado con Florinda, la mujer que él también amaba. Pero no logra matarlo y para hacer más cruel la revancha se lleva a la mujer. La historia, contada por el niño, muestra a un Celedonio sediento de una venganza mayor y a un niño envuelto en odio; ambos, a su modo, preparan su desagravio, uno con la muerte y el otro con el olvido. Pero Celedonio va a sufrir más por la mujer, por la que implora noche y día, con llantos y lamentos que conmueven, hasta el momento en que vuelve antes de que se concrete el nuevo duelo entre los pretendientes.
En ese momento de tensión narrativa, Celedonio, Florinda y el niño se enfrentan, como en un cruce de caminos, por resolver la herida interna que cada uno lleva, pero el desenlace es inesperado, entre el perdón y la humillación, entre la resignación y la esperanza. La historia va a fluir entre picos de tensión que van configurando las emociones de los protagonistas y llevando al lector por diferentes caminos, haciéndolo cómplice y contagiándole sentimientos de ternura y venganza, desgastándolo hasta satisfacerlo con un final que no compartirá pero aceptará, como si del propio destino se tratara.
En una conversación con Cronwell Jara y su esposa Cecilia Granadino, ella confesó que la lectura del cuento motivó un acercamiento especial con el entonces amigo, porque “alguien que escribe un cuento así no debe ser una mala persona”. Efectivamente el relato también refleja mucho del espíritu del autor: conocedor de las costumbres y modos de vida de los pueblos norteños, del lenguaje propio de sus habitantes y de la forma como se resuelven los temas del amor, pero sobre todo se refleja el vigor con que el autor enfrenta su historia y la seguridad con que la resuelve.
Cronwell Jara conforma un grupo de escritores que se han formado fuera de Lima y han impuesto en la capital sus propias propuestas durante las décadas finales del siglo veinte. Junto a autores como Oscar Colchado, Zein Zorrilla, Sócrates Zuzunaga, y más antes Oswaldo Reynoso y Miguel Gutiérrez, Cronwell Jara obligó a la crítica centralista mirar hacia fuera de Lima, o mejor dicho hacia adentro del Perú, donde la literatura era tan o más vigorosa, consecuente y original como la que se hacía en la capital.
Jara es también un escritor que aborda sus historias con mucho humor, a pesar de la tragedia que agobia a sus personajes, un humor que se refleja tanto en el lenguaje como en la caracterización de los mismos. Tiene una larga lista de narraciones cortas, que se iniciara con “Montacerdos” que narra el drama de los migrantes provincianos a la capital, y la novela “Patíbulo para un caballo”. Hace pocos meses ha publicado la novela “El faite”.

Onetti cantado

La compositora española Elena Mendoza estrenará en su país una ópera basada en cuatro cuentos de Juan Carlos Onetti, autor oscuro, del fracaso y la supervivencia latinoamericana, miembro marginal del boom de la novela latinoamericana. Mendoza ya había adaptado con éxito Niebla, de Unamuno, y ahora espera una audiencia especial con su nueva propuesta. La nota y análisis viene en El Cultural, de España.

Elena Mendoza, la compositora

Onetti, la inspiración

Onetti: vamos a cantar mentiras
ESCRIBE: ARTURO REVERTER
 
El próximo título del Teatro Real posee una notable relevancia. Se trata de un estreno absoluto, La ciudad de las mentiras, que ha visto demorada su presentación un par de años por razones presupuestarias. Fue un encargo personal de Mortier a Elena Mendoza (1973), sevillana residente en Alemania desde hace más de cuatro lustros y que se ha forjado ya una trayectoria envidiable por sus distintos y originales trabajos, alguno de los cuales hemos tenido ocasión de valorar. La compositora realizó estudios de filología alemana en Sevilla y de piano y composición en el Conservatorio Superior de Música de Zaragoza con Teresa Catalán, en Augsburg con John Van Buren, en la Robert-Schumann Hochschule Düsseldorf con Manfred Trojahn y en la Hochschule für Musik Hanns Eisler Berlin con Hanspeter Kyburz. Vive en Berlín. Su catálogo comprende en su mayor parte música de cámara instrumental y, más recientemente, creaciones de teatro musical. Sus pentagramas están desde hace tiempo en los atriles de las mejores formaciones camerísticas europeas.

La utopía operística

Pudimos comprobar las inquietudes, los riesgos asumidos por la autora en su ópera corta Niebla, presentada en los Teatros del Canal en 2009 por Operadhoy, una particular reducción de la obra de Unamuno. La obra se había estrenado en el Festspielhaus de Hellerau (Dresde). La dirección escénica corría a cargo de Matthias Rebstock, y la dirección musical, de Titus Engel, que son elementos esenciales también en la nueva ópera. Su punto de partida abre nuevas posibilidades al arte de la representación músico-teatral. Ha sido fundamental la elección de cuatro textos de Onetti, que componen un friso con un estrambote final común, unificador, y que ha supuesto un ir más allá. “Componer una ópera hoy en día -explican Mendoza y Rebstock- significa hasta cierto punto reinventársela como género. La ópera de por sí es una invención artificiosa que se crea en el Renacimiento a partir de una especulación sobre el teatro de la antigüedad clásica, que se suponía cantado. No surge, pues, de manera orgánica, sino como una utopía, como un experimento intelectual, y esta marca de origen hace que esté continuamente redefiniéndose”.

Es muy interesante la siguiente afirmación, que pone bien a las claras los propósitos de los autores: “La ópera, al fin y al cabo, no se realiza en una partitura, sino como producto final en un escenario. Para poder llegar a una composición orgánica de todos estos elementos es fundamental un trabajo en equipo desde el principio hasta el final. Hemos desarrollado un proceso de trabajo en el que, partiendo directamente de textos literarios, concebimos la idea de la obra, el texto, la música y la escena en paralelo (y no como en el tradicional procedimiento sucesivo libreto-composición-puesta en escena), implicando desde muy pronto a la escenografía y el vestuario, y en seguida también a los propios intérpretes. Así se va forjando paso a paso una compleja composición colectiva e interdisciplinar de principio a fin comenzando en el momento de la concepción de la obra y terminando el último día de ensayo”. Diríamos que es un ir más allá en la idea wagneriana integradora de la obra de arte total.

Un momento de La ciudad de las mentiras, de Elena Mendoza

“No hacemos una abstracción del texto ni de la acción escénica”, comentan los autores. “Lo que nos mueve es la búsqueda de procedimientos narrativos que sean propios de la música y solo posibles mediante ésta. El contar una historia con música es la quintaesencia del artificio ‘ópera’ y para nosotros la cuestión no es por qué, sino cómo, englobando este ‘cómo’ numerosas posibilidades. Vamos a encontrar cantantes, pero también actores e instrumentistas; textos tanto cantados como hablados, susurrados, recitados y proyectados y, lo que quizá sea la esencia de nuestro trabajo, un ir y venir constante entre acciones escénicas que surgen de la música y acciones musicales que surgen de la escena”.

Estas manifestaciones traen a la memoria ciertas propuestas pretéritas, que abrieron sin duda caminos y dejaron interesantes posibilidades en el aire, realizadas hace años por Malipiero (óperas Tartuffo o Iscariote), Nono o, incluso, Maderna, nada respetuosos con la tradición. Afirma Mendoza que cada una de las cuatro historias de OnettiUn sueño realizado, El álbum, La novia robada y El infierno tan temidoestá enmarcada en un universo musical propio, aunque mantienen unas constantes formales que aparecen al menos una vez en todos los relatos. Hay por tanto paralelismos entre todas ellas, en las que aparecen los mismos personajes y lugares, aunque la música siempre sea distinta. Estamos ante la metáfora de un estado psíquico, de una sensación de opresión por la realidad que nos rodea. Cada uno de nosotros desarrolla sus estrategias de supervivencia, “es parte de la Santa María opresiva de otros”.

Será muy interesante y seguramente revelador comprobar el fruto de estas ideas y, a la postre, calibrar el pulso musical de Mendoza, que es después de todo, el que late por debajo, o por encima, de la variada y variable narración. Posee conocimientos técnicos probados y maneja con soltura los timbres, colorea con habilidad, dentro de un lenguaje que no se atiene a ninguna regla. Ciertos giros de algunos de los momentos de la partitura que hemos podido escuchar, recuerdan El Gran Macabro de Ligeti. Un bien adiestrado equipo vocal, con Katia Guedes, Guillermo Anzorena -ya presentes en Niebla– y Laia Falcón a la cabeza, pululará por la escena diseñada por Bettina Meyer. Seis instrumentistas se añaden al elenco vocal.



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Panorama Cajamarquino Edición 18-02-2017

#Cajamarca #ConflictosSociales: Bombas de tiempo en Cajamarca



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El españo ha de sobrevivir

El escritor peruano Fernando Iwasaki reflexiona en una interesante entrevista sobre el futuro de nuestro idioma,  frente a las amenazas de las nuevas políticas sobre migración que busca imponer la nueva administración de los Estados Unidos. La nota viene en La República.

Fernando Iwasaki

Escritor Fernando Iwasaki afirma que idioma español se salvará por extranjeros, fuera del mundo hispanohablante

 El idioma español en debate. El escritor peruano Fernando Iwasaki dijo hoy en Casablanca, según EFE, que serán los extranjeros, fuera del mundo hispanohablante, los que podrán salvar el idioma español de la degradación que suponen expresiones como “q tal wapa” (qué tal, linda).
Invitado por el Instituto Cervantes al Salón Internacional del Libro de Casablanca, Iwasaki, afincado en Sevilla desde hace casi 30 años, disertó sobre los temas que más le preocupan en los últimos tiempos: el abandono de la lectura y la poca presencia del español en el ámbito del conocimiento.

“¿Dónde está el masterchef de las bibliotecas, o de los conservatorios?”, se preguntó, mientras reflexionaba cómo la civilización actual entroniza a futbolistas o cocineros, mientras que denigra al chico estudioso que “se esconde a leer” en una biblioteca y al que, para nombrarlo, la lengua española tiene solo adjetivos despectivos.
Es un hecho -comentó el escritor, de origen japonés e italiano- que en las fábulas postapocalípticas posmodernas (la novela “La carretera” de Corman McCarthy o las películas Blade Runner o Matrix) “no aparecen los libros, se diría que el enemigo es la lectura”.
Pero no es necesario ir tan lejos: hoy en día -explicó, a modo de ejemplo- han desaparecido las tres librerías que vendían en español en Manhattan (Nueva York), donde viven millones de hispanohablantes, personas presumiblemente más interesadas en un partido de fútbol televisado.
Esta reflexión le llevó a considerar el peso específico del castellano en el panorama cultural mundial, para lamentar su escasa presencia en la creación de la ciencia y el conocimiento pese a ser una lengua tan poderosa “para el deleite y el placer artístico”.
Iwasaki dijo que no basta con la autocomplacencia de proclamar que somos 400 ó 500 millones de hispanohablantes si no hacemos del español una herramienta de conocimiento, una lengua internacional y no solo para el ocio.
A la lengua española -continuó- le falta ser considerada una lengua de relaciones internacionales, como lo son el francés o el alemán en la Unión Europea (sin mencionar el inglés), y ello es debido, en parte, a la dificultad de los hispanohablantes en verse colectivamente, en lugar de mantener disputas vanas sobre si conviene decir “latinoamericanos”, “hispanoamericanos” o “iberoamericanos”.
Lamentó, por ejemplo, que él siga siendo considerado “un escritor peruano” y no sencillamente “un escritor en español”, como sucede con culturas como la francesa o la inglesa que integran con mucha más facilidad a escritores ajenos a sus culturas, ya procedan de Pakistán, de Rusia o de Marruecos.
Iwasaki añadió que al mundo hispano “le falta un chino o un vietnamita que escriba en español, extranjeros que escojan el español como lengua de creación (…) Ellos van a cuidar el español mejor que nosotros, van a usar las diéresis y las tildes porque estarán enamorados de nuestra lengua y no la maltratarán escribiendo wapa”.
Por otra parte, también negó el tópico de que nuestra época sea la primera que vive la globalización (“solamente la vivimos más rápido”), y recordó que figuras como San Pablo en la época romana o el Inca Garcilaso en la renacentista eran auténticos productos de la cultura global, formados en tradiciones muy diversas y varias lenguas.
El carácter universal de la literatura española llegó -según su tesis- con los escritores del llamado “boom latinoamericano” (García Márquez, Vargas Llosa, Onetti, etc.), pero antes que ellos otros escritores de todo el continente americano habían sembrado una influencia universal, y citó a Borges, César Vallejo u Octavio Paz.
Iwasaki regresará el próximo año a Marruecos si prospera el plan de la Embajada peruana de hacerlo venir para encontrarse con escritores marroquíes en lengua española, todavía desconocidos. Sería una experiencia muy “wapa”.

LA REPUBLICA



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